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La batalla del 2 de septiembre de 1938

 

Entrevista con Gregorio Gutiérrez García, piloto del Tupolev SB-2 Katiuska, de la 4ª Escuadrilla Observadores del Grupo,24

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''Guti'': lo que realmente pasó el 2 de Septiembre del 38

¿Es cierto que el Katiuska corría más que el Fiat CR-32 "Chirri"?

Sí, el Fiat no tenía nada que hacer, sobretodo si estaba más bajo. Y hasta los Moscas que nos daban protección había veces que las pasaban para ponerse a nuestra altura. Pero fue un Fiat el que nos derribó una patrulla entera sobre el frente del río Zújar. Fue ángel Salas Larrazábal. Y además nos derribó al jefe de escuadrilla de los Moscas que nos protegían (Redondo, el hijo del alcalde de Madrid). El que escribe mucho es el hermano, Jesús Salas, que lo conozco yo mucho.

Otra ventaja que tenían los Fiat es que tenían ametralladoras de 12 mm. Te disparaban de lejos a ver si te daban. Las ametralladoras nuestras eran muy rápidas, pero eran de 7 y pico y no llegaban muy lejos.

Esto que te contaba fue un error del jefe de escuadrilla (Ricote) y claro, lo destituyeron. A partir de entonces se hizo cargo Jaime Mata. Fue un grave error, entraron en el frente y dieron un viraje. Si tú eres jefe de escuadrilla, tienes que pensar en lo que llevas detrás. No puedes girar como quieras, porque cualquiera de ellos tendrá menos velocidad. Tienes que estar pendiente de aquello, y cuando haces un viraje, que sea suave y te puedan seguir bien. Tienes que tener en cuenta que al virar, todos se ponen así (inclina la palma de la mano). El de dentro del viraje va más abajo, y el de afuera va más arriba. Lo que pasó ese día es que la patrulla que iba interior se quedó colgada, y para evitar una colisión se dispersaron un poco. Los Fiat ya sabían los ángulos muertos (por abajo desde detrás o por arriba), sabían que con una escuadrilla formada, los ángulos muertos los cubre uno o los cubre otro. Como te decía, los Fiat estaban a mayor altura, y picaron. Los cogieron uno por uno. En este número del ícaro lo cuento, son tres páginas...

¿Vio lo que pasó?

No, no, es que se ha escrito mucho y muchas cosas no son ciertas. Por ejemplo, se ha escrito que explotó un avión y la bola de fuego se contagió a los otros dos aviones. Eso es mentira, imposible vamos, si no, no se hubiese tirado nadie en paracaídas. He leído que el propio Salas Larrazábal dice lo mismo que yo digo aquí. Y también me han preguntado mucho si yo participé en este servicio. Y en este artículo lo explico. Tranquilamente, léelo…

Tomilloso, Ciudad Real, 2 de septiembre de 1938.

Ese día, muy temprano, después de tomar los datos del servicio a realizar y el desayuno, nos trasladamos al campo para ocupar nuestros respectivos aviones. Total 10 tripulaciones, 30 personas. Cada cual ocupó su sitio y empezaron a rugir los motores, que los mecánicos previamente habían calentado, estando, por lo tanto, listos para despegar.

Yo llevaba mi tripulación de siempre; observador, José Gil Guerola y ametrallador Fernando Gotilla Sánchez. Vi cómo los demás se dirigían a la zona de despegue y cómo se iban elevando, haciendo un círculo alrededor del campo, hasta completar la formación. Yo tenía los motores en marcha, pero no me moví. Ese día tocaba a mi tripulación estar de reserva, es decir, si algún avión por tener algún problema se vuelve, yo debía ocupar su puesto. Vi como la formación ponía rumbo al objetivo y esperé. Cuando ya los perdí de vista, era de suponer que no tenían problemas, por lo tanto, mi misión estaba cumplida. Paré los motores y regresamos al pabellón. Como todavía era temprano, me volví a meter en la cama. Al poco rato, me quedé dormido.

No sé el tiempo que había transcurrido, pero me despertó el ruido de portazos, gente que Hablaba fuerte, alboroto, pasos rápidos por el pasillo, y pensé que algo había ocurrido. Lo que no podía imaginar era la magnitud de la tragedia. La confusión era total. Los teléfonos no cesaban de llamar. En los que habían regresado, no había más que nerviosismo, caras largas, y lágrimas en los ojos. Nadie se explicaba lo ocurrido.

Entre las muchas llamadas telefónicas recibidas, hubo una que procedía del puesto de mando del sector del frente donde ocurrieron los hechos, y más o menos decía: "Ha caído un aviador en paracaídas entre las dos líneas del frente, está muerto. Lo vemos perfectamente con prismáticos. Pero esa zona está barrida por fuego de ametralladora, y por tanto, no podemos recuperar el cadáver. Pensamos dar un golpe de manos esta noche y rescatarlo. Sería conveniente que pudiera venir alguien para identificarlo". éste, y no otro, fue el motivo de nuestra presencia en el frente.

Juan Vigil, jefe del estado mayor de la escuadrilla, se puso en contacto con el jefe del sector para que le informaran de cómo se podía llegar hasta allí. Tomó nota sobre un plano de carreteras Michelin. Se dispuso un coche rápido para desplazarnos hasta el frente, en el que iríamos, además del conductor, Areste y yo como testigos, y Vigil para redactar el correspondiente informe.

Como nuestra presencia no era necesaria hasta la noche, decidimos salir a media tarde. Salimos, con trajes de uniforme gris, hacia Ciudad Real. De allí a Puertollano, y a Almadén. La carreteras eran muy malas, con escasa señalización y llenas de baches. Mientras teníamos luz diurna, teníamos una idea de dónde estábamos, pero cuando se hizo de noche empezaron los problemas. Según las notas que tomó Vigil, tuvimos que circular por caminos de tierra. Para ver mejor, el conductor encendió las luces de carretera. Así continuamos hasta que aparecieron unos soldados en un control. Nos dijeron que de allí en adelante solamente utilizáramos las luces de situación.

Avanzábamos a paso de tortuga. Estábamos metidos en un laberinto, y aunque lo disimulábamos, llegamos a sentir miedo de verdad. La noche era cerrada, y no vimos a nadie hasta que, en un cruce de caminos, había varios soldados, que fueron nuestra salvación. Nos dijeron que la dirección que llevábamos era errónea y muy peligrosa. Uno de los soldados se metió en el coche y nos condujo hasta el puesto de mando. Cuando llegamos, ya habían recuperado el cadáver.

Inmediatamente reconocimos que era de Luis Cerezo, observador, el infortunado. Nos recibió el jefe del sector, un comandante. Nos dieron de cenar raciones de campaña en frío y café caliente. Mientras cenábamos, estuvimos cambiando impresiones. Habían presenciado todo, incluso con prismáticos. La patrulla se dispersó y fueron derribados uno a uno. Todos los demás paracaídas cayeron en territorio enemigo y fueron tiroteados mientras descendían por las fuerzas de tierra, en su mayor parte compuesta por tropas moras.

Vigil redactó el correspondiente informe. Se firmaron varios papeles y nos comunicaron que Luis Cerezo sería enterrado al día siguiente en el cementerio de Belalcázar, provincia de Córdoba. El mismo soldado que nos llevó hasta allí nos sacó de aquel laberinto y nos puso en el buen camino. Cuando legamos a Tomilloso, era ya de día.

En la primavera de 1940 coincidí con Plácido Pazos en la prisión de San Miguel de los Reyes, Valencia, donde estábamos internados muchos aviadores de la República. Como es lógico, hablamos largo y tendido sobre este tema. Lo primero que quiero decir es que no es cierto que le amputaran una pierna, según se ha escrito. Lo que él me contó fue lo siguiente.

Cuando Ricote, jefe de la escuadrilla, dio un viraje cerrado a la izquierda, la patrulla interior quedó colgada y para evitar colisiones entre los aviones que la componían se dispersaron. Los Fiat, que estaban a mayor altura, aprovecharon la ventaja para atacar.

Todo ocurrió en pocos minutos. Cuando él notó que el avión entraba en un picado descontrolado abrió la portezuela inferior y saltó, abriendo a continuación el paracaídas. Mientras él descendía, observó que había más compañeros en la misma situación. Cuando estaba cerca de tierra, vio que le disparaban, y notó que le habían alcanzado en una pierna, en la rodilla. Cuando llegó al suelo, lo que hizo fue recoger rápidamente el paracaídas y refugiarse tras un matorral grande que tenía cerca. Desde allí, pudo ver como las tropas moras ametrallaban a Aranda, ametrallador de su tripulación. Desde su escondite, oía las voces de los "moros" que le estaban buscando. De pronto, oyó hablar "en cristiano" y vio un oficial. Aprovechó este momento y se entregó. éste ahuyentó a la chusma que buscaba su presa. Como no podía andar, le tumbaron en una camilla y le llevaron a curarle y a interrogarle. Después fue a parar a la cárcel de Salamanca, donde había más aviadores.

Después de la excarcelación, nos enteramos de que Pazos había sido enviado a un batallón de trabajadores, y que fue uno de los muchos excombatientes que participó en la faraónica obra del Valle de los Caídos.

Unos ocho o diez días de esta trágica fecha, yo realicé un servicio con Cerezo y Nogueira, con el mismo avión que ellos tripulaban. Sobre este servicio, publiqué un artículo en la revista ícaro nº63 titulado "En un lugar de la mancha".


Y luego, esta postdata… O sea, había tres tripulaciones: Blas (piloto), Pazos (observador), Aranda (ametrallador); Monzón, Rueda, Alconisa; Pavía, Cerezo, Nogueira. El único que se salvó fue Pazos. El resto, saltaron en paracaídas, pero cayeron en territorio enemigo y los "Moros" los liquidaron.

Todos estos artículos que he escrito, en ninguno he usado referencias. Todo es de memoria, me acuerdo de todo muy bien. Y hay una cosa que no he escrito, porque cuando yo quería escribirla, me decían que si eran batallitas. Ahora van a decir que lo escribo para eso, ya me entiendes. Pero vamos, están los hijos de la tripulación que venía conmigo, pero su padre se lo contó a ellos…

Yo me tiré tres años de guerra, luego tres años de cárcel. Hubo gente a la que eso le quitó la juventud y luego no tenían ningún oficio ni nada. A mí no, a mí me faltaba tiempo hasta para escribir a casa. Allí había profesores de la escuela universitaria, y allí me enseñaron ingeniería y matemáticas por un tubo. Después de esos tres años de cárcel, luego nos mandaban a campos de concentración, como este Pazos que te digo. Para evitar eso, varios grupos de aviadores ingresamos en la legión.

He tenido mucha suerte, incluso en otro servicio, en el golpe de La Cenia, yo estaba asignado para volar, pero días antes cogí un enfriamiento y no pude ir. Ese día nos derribaron cuatro Katiuskas. Si yo fuese creyente, diría que tengo alguien que me dice "que no, que yo tengo que sobrevivir".


-En este momento, el tiempo se nos agotó y debimos despedirnos. Pero aún me dijo algo que me animó a seguir todavía más con el programa de entrevistas-

Cualquier cosa que necesitéis, cualquier cosa que quieras que os cuente, yo no tengo ningún inconveniente. Aparte de esto, no hay cosa que no haga con más gusto, que explicarlo a la gente joven, porque claro, es la que va a continuar la historia.

En la monografía nº 39 de La Aviación en la Guerra Española se le sitúa en la campaña de Levante y en Extremadura en verano de 1938

En los moscas, Claudín fue nombrado jefe del Grupo 21 y poco le duró el cargo, pues el 5 de julio murió en el frente de Teruel. Zarauza le sucedió y Redondo y Arias (repuesto ya de un grave accidente) los sustituyeron en las escuadrillas primera y cuarta; de la nueva sexta se hizo cargo Meroño.
La caza republicana, con mandos jóvenes y decididos, contribuyó de forma importante a la brillante defensa de Valencia, muy bien dirigida por el general Miaja, quien repetía en 1938 sus éxitos en Madrid, de 1936-1937. Esto se logró a cambio de cuantiosas bajas de moscas en los meses de junio y julio (17 pilotos fallecidos y tres desaparecidos), que dejaron en cuadro al Grupo 21 a finales de julio. En esta época si que se habrían reducido a 35 los moscas en estado operativo en la escuadra; el Grupo 26 no pasaba por apuros semejantes, pues las factorías de Cataluña entregaron 20 chatos en junio y 25 en julio, cifras superiores a las de bajas registradas en dichos meses....

En el verano de 1938, aparte de en el Ebro, se combatía también en Extremadura, donde las escuadrillas 2/26 y 4/26 de I-15 y la 1/21 de I-16 luchaban con los Fiat españoles. Redondo, jefe de la 1/21, tuvo que lanzarse en paracaídas, el día 2 de septiembre, tras un duelo con ángel Salas, quien derribó asimismo tres katiuskas en el mismo combate, máxima hazaña personal de la caza española en toda la guerra. Días después la cuarta escuadrilla del Grupo 26 abandonó el frente extremeño en dirección a Valencia. Duarte fue herido el día 7 de septiembre y pasó al Hospital de Albacete, siendo nombrado jefe de la escuadrilla Emilio Ramírez, quien estaba a punto de viajar a la Unión Soviética, para acudir a un curso militar.

Una página británica sobre Ángel Salas también señala los hechos:

On 2 September in a single attack, Salas destroyed three Katiuskas, and then capped this by damaging the aircraft flown by the leader of the 1st Escuadrilla de Moscas squadron that was escorting them. This pilot, Jose Martin Redondo (the son of the mayor of Madrid), took to his parachute and was guarded by Salas until he had almost reached the ground. Salas, before flying away, raised an arm in salute, and Redondo responded in a similar manner.
This event must have been well known in the Government zone, as it was reported from several sources.
In this combat 2-G-3 rounded also claimed four more Ratas (Vázquez, Alcocer, Carlos Bayo and Esteban Ibarreche) and one more Katiuska (Salvador Serra).
The Katiuskas flown by Blas, Monzónis and Pavía were shot down. These were all from the 4th Squadron of Grupo 24 led by Ricote.
When Salas landed at Mérida he received news that his brother, Ignacio, had just been killed in the Ebro sector, during an attack on Bot by another Katiuska squadron.
The Colonel in Charge of the 1st Air Brigade sent the following congratulations to Salas:
"The part played by the group under your command in today's operation has filled me with pride and it gives me great satisfaction to have people under my command who know how to make the best use of prevailing circumstances. It gives me great pleasure to congratulate you personally, and the whole of your unit, to whom I hope you will convey this message."
García Pardo was in temporary command of the group until Salas arrived back on 7 September.
Between the middle of July and the middle of September, Group 2-G-3 had destroyed 34 aircraft and 3-G-3 ten more. Salas topped individual scores with five victories and he now had 15 victories